«Convertiste mi luto en danza», desgarradora y amorosa a partes iguales

Convertiste mi luto en danza

Redención a través del teatro

Amor. Eso es lo que me ha inundado a la mañana siguiente de haber ido a ver la obra “Convertiste mi luto en danza”. Vi por casualidad que estos días había un espectáculo dirigido por Paco Zaranda en Madrid y cliqué a ver de qué se trataba:  Un texto que Eusebio Calonge escribió a partir de una experiencia real que nace como respuesta a una carta recibida hace años, en la que una madre, Elena, les contaba como su hija María Pisador, desahuciada por un cáncer terminal, se desplazó en ambulancia del hospital de Pamplona hasta el Teatro Principal de San Sebastián para cumplir su deseo de ver a La Zaranda, falleciendo pocos días después. Una premisa cuando menos conmovedora cuya puesta en escena va más allá de cualquier diagnóstico previo que nos podamos hacer. 

Laura Gómez-Lacueva, Ingrid Magrinyá e Inma Nieto dan cuerpo y alma al cáncer, palabra que tal y como nos recuerdan en la obra nadie quiere mencionar, porque no queremos tenerlo cerca, es como si al no mencionarla no fuese a existir. Pero está ahí y se va haciendo su casa en tu cuerpo. Si tienes suerte, puedes luchar, pero no todas las guerras se ganan y eso bien nos lo hacen ver estos personajes tan reales como la enfermedad. No, ni la paciencia ni la actitud te pueden curar. El amor sí. Por eso “Convertiste mi luto en danza” se convierte en una historia de amor. 

Convertiste mi luto en danza

Un columpio cuyo sonido nos resquebraja cuando se queda vacío. Un tobogán que puede llevarte a mil sitios diferentes, como la vida misma. Unas sillas y una camilla para aguardar, para sostener la espera. Esos son los únicos elementos escénicos con los que el director juega para transportarnos a mundos de hospitales, de salas de espera, de casas vacías, de habitaciones con espejos que hieren, de parques para soñar. 

Y una llamada al vivir bajo la frase “sálvate” que se queda acurrucada en tu mente como un mantra y que va bajando hasta tu corazón. 

Gracias a la Compañía La Extinta Poética por ayudarnos en este camino hacia la redención. 

La obra estará en al Sala Guirau del Teatro Fernán Gómez hasta el 30 de enero. 

Por Paula Pielfort

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